Editorial

Gran indignación ha causado para millones de mexicanos la noticia de que un niño estadounidense, Benton Stevens, haya recaudado 22 mil dólares vendiendo chocolate caliente y limonada para financiar la construcción del muro fronterizo con México que propone el presidente Donald Trump.

Para muchos es un ejemplo claro del nivel de odio y xenofobia que se le está inculcando a las nuevas generaciones, y advierten del peligro que puede tener que, desde tan tierna edad, los niños reciban una enseñanza basada en el odio y miedo a otras culturas.

Desde luego tienen razón las personas que afirman que los niños no deberían ser educados de esta manera, pues sabemos de sobra que el ser humano no nace con odio o resentimiento, esos sentimientos se nos van inculcando conforme vamos creciendo por aquellos que nos rodean, especialmente nuestros familiares más cercanos.

Sin embargo, los mexicanos no deberíamos quejarnos mucho de lo que hoy se está viviendo en Estados Unidos cuando aquí, por generaciones, se nos ha enseñado sistemáticamente a odiar a otros países y a sus ciudadanos.

Todos conocemos la maniquea historia oficialista de nuestro país en donde “el extranjero” es el villano por excelencia de la fábula nacional, ya sean los españoles durante la Conquista y Virreinato, los franceses durante la Guerra de Reforma, los ingleses durante el Porfiriato y primeros años de los gobiernos postrevolucionarios o los estadounidenses en la historia moderna.

Se nos ha inculcado que todas las desgracias nacionales son culpa de esos malos extranjeros, nos han dicho que México –aunque todavía no existía como país, ni existiría de no ser por el mestizaje– era una nación próspera y noble, ajena a los vicios y abusos de los ambiciosos conquistadores europeos que trajeron consigo muerte, destrucción y maldad.

La realidad es que este mito nacionalista omite, convenientemente, que el imperio azteca era uno de los poderíos indígenas más crueles y sanguinarios de los que habitaron en Mesoamérica y, por medio de la fuerza y brutalidad en sus artes de guerra, los aztecas conquistaron a casi todos los demás reinos indígenas en lo que actualmente es México, sometiéndolos a toda clase de humillaciones y vejaciones.

Por eso, cuando los exploradores españoles, encabezados por Hernán Cortés, llegaron a territorio nacional, los demás reinos vieron una oportunidad para enfrentarse a los aztecas y librarse de su yugo, sin imaginar que los españoles tenían sus propios planes.

Al punto al que quiero llegar es que NO DEBEMOS COMBATIR ODIO CON ODIO, quizá viéndolo desde este otro punto de vista, observando a dónde un mensaje de odio puede llevar a un niño, es que podamos entender por qué no debemos alimentar ese resentimiento con la excusa de un “fervor patriótico” que ni siquiera tiene razón de ser, pues los mexicanos actuales no somos ni conquistadores ni conquistados, somos producto de una mezcla constante que es lo que hace a este país tan rico y diverso, como pocos en el mundo.

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