Editorial

En las últimas semanas, en las redes sociales, han circulado una gran cantidad de supuestas denuncias sobre el robo de menores, y lo digo así porque, lamentablemente, muchos de estos mensajes solamente se publican a través de dichas redes y no se realiza la denuncia ante las instancias correspondientes.

Lo que es peor, en ocasiones los usuarios de las redes sociales no verifican las fechas de las publicaciones que comparten, y difunden contenido de hace varios meses, o inclusive años, o –inclusive– información que ha sido desmentida o casos ya resueltos.

Esto genera un estado de pánico e histeria colectiva que, lamentablemente, puede acabar trayendo graves problemas. Y es que hay personas que han llegado al grado de compartir fotografías de supuestos secuestradores de niños o los vehículos que usan para estos ilícitos, obviamente sin el respaldo de ninguna autoridad o una denuncia formal de por medio.

Apenas el año pasado, en el estado de Puebla, dos personas fueron linchadas y asesinadas por la turba iracunda cuando se creyó que estos dos sujetos eran secuestradores de niños; no fue sino hasta que las personas perdieron la vida que se descubrió que aquellas personas eran humildes campesinos, y no habían cometido delito alguno.

Obviamente, para entonces, nadie asumió la responsabilidad por este linchamiento, los que pudieron participar ya no dijeron nada y todo volvió a la “normalidad”, ante la complacencia de autoridad y sociedad en general, sin que se investigara más el asunto ni se buscaran a los responsables de este crimen.

Es verdad que, como sociedad, NO DEBEMOS BAJAR LA GUARDIA nunca, y mucho menos cuando se trata de cuidar a los niños y a las mujeres, pero mi punto es que, en ocasiones, algunas personas piensan que ayudan cuando, por el contrario, solamente enrarecen más el ambiente social ya de por sí tenso.

Como ciudadanos, debemos tener mucho cuidado de los mensajes que compartimos a través de las redes sociales, preguntándonos primero si en realidad estamos ayudando en algo o si, más bien, no estamos contribuyendo a causar histeria colectiva entre otros cibernautas, o inclusive incitando al odio o violencia contra personas que no sabemos realmente si son delincuentes o, simplemente, víctimas de una campaña de odio y desprestigio.

No olvidemos que ha habido infinidad de casos donde, por conflictos familiares, uno de los padres de un menor de edad denuncia que su hijo fue secuestrado, cuando resulta que, desde el principio, el pequeño estuvo con su otro progenitor, afectando a todos, pues al mismo tiempo se dejan de investigar casos reales.

Otro ejemplo, lamentablemente muy común, es que un padre de familia, por descuido o negligencia, pierde a su hijo y reporta que fue secuestrado, simplemente por no admitir su error, desviando así la atención a casos verdaderamente urgentes.

No seamos pues parte de esta dinámica, si no estamos seguros de los mensajes que vamos a compartir, mejor no lo hagamos, prefiramos publicaciones oficiales como los reportes de la red Alerta Amber, la Procuraduría General de la República o las Procuradurías Estatales, así como dependencias municipales o locales debidamente identificadas, no promovamos el morbo ni difundamos noticias falsas o bulos de Internet para que no seamos parte de la red de desinformación que se genera de manera cotidiana.

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