Esta semana iniciamos un nuevo periodo en nuestro país, un cambio histórico anhelado por muchos; por mucho tiempo varias voces hemos coincidido en señalar que, aunque chocante, es muy acertada aquella expresión de “el cambio empieza en uno mismo”.

Ninguna persona, partido o gobierno podrá cambiar por sí solo al país, se necesitará del trabajo de todos; esperemos que aquellos que con el mismo ímpetu con que aquellos que ayer criticaban duramente a los gobiernos del PRI y del PAN mantengan la capacidad de hacer críticas constructivas para fomentar un ejercicio de reflexión, pues no debemos olvidar que, al final de cuentas, nuestros gobernantes son seres humanos como cualquiera de nosotros, con defectos y virtudes, y que podemos cometer errores que no podemos ver.

Al mismo tiempo, espero que aquellos que otrora defendían a capa y espada a los gobernantes en turno también aprendan a reconocer los aciertos de este nuevo Gobierno Federal, pues no olvidemos que, más allá de apasionamientos políticos, todos nosotros VAMOS EN LA MISMA BARCA que se llama México, y que lo que les afecta a unos, nos afecta a todos.

Esto me recordó una caricatura donde se pueden observar 4 personas dentro de una barca, dos con sombrero de copa y traje, simbolizando a los ricos y poderosos, y del otro lado de la barca a otras dos personas con ropa común, representando a la clase media y baja. En la caricatura se aprecia que se abrió un hoyo en la barca y un chorro de agua empieza a inundar la embarcación, del lado de los ricos, quienes intentan por todos los medios de sacar el agua o impedir la filtración. Mientras, los “pobres” se reían entre sí, diciendo “¡Lo bueno que el agua se está metiendo del lado de los ricos!”.

Ésa es la mentalidad de muchos aún hoy en día; son personas que piensan que es “justo” que los ricos sufran y pierdan para que sientan “lo que sentimos” los demás en nuestra vida diaria, y apoyan ciegamente todas aquellas medidas que, creen, lastimarán todavía más a los “malvados” potentados, sin imaginar que, en primer lugar, esas medidas lastiman primeramente a los más pobres.

Por poner un ejemplo, al ahuyentarse las inversiones no solo pierden los grandes empresarios, pierden mucho más las familias que se iban a beneficiar con todas las fuentes de empleo directo e indirecto que iban a surgir, se afecta el desarrollo socioeconómico de las zonas, entre muchas.

Ningún gobierno puede, por sí mismo, llevar a cuestas toda la pesada carga de satisfacer las necesidades de los ciudadanos, sino que se requiere la colaboración de todos; para eso, se deben acabar los divisionismos, las rencillas, la lucha de clases y la discriminación en todas sus formas.

Esto es algo que va a depender, en primer lugar, del nuevo Presidente de la República, pues bien sabemos que él, por mucho tiempo, fue el primero que causó división entre los mexicanos, pero esperemos que ahora buscará también la reconciliación y no más divisionismo.