Puerto Escondido, Oax. Hace unas semanas, cuando se dio a conocer la terrible noticia de la muerte de más de 300 tortugas marinas, las cuales quedaron atrapadas en artes de pesca ilegales, habitantes de Puerto Escondido y toda la región de la Costa se unieron para alzar la voz, denunciar este ecocidio, exigiendo además a las autoridades que se investigara a fondo esta tragedia para castigar a los culpables como se debe.

Estos ciudadanos preocupados por el medio ambiente han hecho énfasis en la importancia que tiene el cuidar estos simpáticos animalitos marinos, especies milenarias que han vivido en esta tierra por mucho más tiempo que el ser humano, pero que hoy en día están al borde de la extinción precisamente por la depredación de los humanos, la destrucción de sus entornos y la pesca indiscriminada por décadas.

Sin embargo, parece ser que existe un doble rasero entre los habitantes de la región de la Costa y que el cuidado y protección de las tortugas marinas solamente es importante cuando se trata de ejemplares maduros, porque cuando se trata de los huevos la situación es muy diferente.

En los últimos meses ocurrió la tercera “arribada” de tortugas marinas a esta región de la Costa, en donde miles de hembras de esta especie llegaron para depositar sus huevos en las diferentes playas del lugar y así seguir su ciclo de reproducción natural.

Grupos ambientalistas y autoridades federales realizan grandes esfuerzos por salvaguardar estos nidos, especialmente en santuarios como Playa La Escobilla de Santa María Tonameca, pues los huevos son muchas veces víctimas de diversos depredadores, como animales salvajes, pero de todos ellos el peor de todos es, indudablemente, el ser humano.

A lo largo de esta temporada de arribazón, en éste y muchos otros medios de comunicación hemos leído o escuchado sobre personas que han sido detenidas transportando huevos de tortuga para su venta y consumo; apenas esta semana, en Puerto Escondido, nos enteramos de dos casos en donde personal de las fuerzas de seguridad pública lograron detener a dos sujetos quienes transportaban una cantidad considerable de estos huevos para su venta.

En por lo menos uno de estos casos se sabe que el sospechoso fue detenido en flagrancia ofreciendo su “producto” casa por casa, sin que ningún ciudadano fuera capaz de denunciar esta situación. Es entonces que queda de manifiesto que realmente no existe tanta preocupación por el medio ambiente y, específicamente, por las tortugas marinas, sino que simplemente nos dejamos llevar por la multitud, y si ésta determina que algo es malo, nos indignamos o, de lo contrario, guardamos silencio cómplice y, así, nos volvemos parte del problema y no de la solución.

Si nos ofendimos por la muerte de más de 300 tortugas marinas, también debemos ofendernos de que, al día de hoy, haya quienes venden y consuman los huevos de quelonio, y así como exigimos castigo para los culpables de la muerte masiva de tortugas adultas, deberíamos exigir castigos más severos para quienes transporten y compran sus huevos, de lo contrario estaríamos cayendo en la hipocresía.