Desde que era niño recuerdo que siempre ha habido quienes satanizan a las tecnologías más modernas (televisión, videojuegos, computadoras, teléfonos celulares) como la causa de toda clase de males.

Y si bien hay estudios que demuestran que –como la mayoría de cosas cuando se hacen o consumen en exceso– estas tecnologías tienen un impacto negativo, éste se debe más a la negligencia o desconocimiento de los padres que a las tecnologías en sí.

En la actualidad, por ejemplo, es muy común ver a niños que todavía ni siquiera saben leer cuyos padres les prestan un teléfono inteligente o una tableta digital para divertirse y distraerse, y por un momento, especialmente cuando se está fuera de casa, es factible.

El problema radica, como decía, en los excesos que los padres muchas veces permiten, generalmente por desconocimiento, aunque también en ocasiones por negligencia. De acuerdo a muchos especialistas, los niños menores de 12 años no deberían de ocupar estos aparatos más que un par de horas al día, inclusive menos si se trata de niños menores de 5 años, pues –aseguran los expertos– puede afectar en los más pequeños el desarrollo saludable de sus habilidades sociales, además de afectar gravemente su imaginación e inhibir su naturaleza inquisitiva.

Obviamente la culpa no es de las empresas que diseñan o venden estos productos, sino de los padres que, sin ninguna clase de control o límite, les permiten a sus hijos pasar largas horas frente a un celular o tablet, como si aquello fuera cosa de vida o muerte.

Es por eso importante entender que NINGUNA TECNOLOGÍA EN SÍ ES MALA, es el uso que se le dé el que determina si es para bien o para mal; existen por ejemplo una gran cantidad de usos didácticos para los teléfonos inteligentes, tabletas, computadoras, televisores y demás electrónicos que, actualmente, se encuentran en la mayoría de hogares modernos, y sin embargo en la mayoría de casos el uso que le dan los niños no es didáctico, aun ante la complacencia –o desconocimiento– de los padres.

Lo mismo sucede con la Internet, que bien usada es una gran fuente de información, una herramienta didáctica maravillosa pues les permite a los niños aprender de manera dinámica y divertida sobre diversos temas.

Y sin embargo sabemos perfectamente que muchos de estos pequeños no usan la Internet para eso, algunos pasan largas horas jugando en línea, chateando con desconocidos o, en el peor de los casos, visitando páginas con contenido cuestionable y no apto para menores de edad.

Insisto, el objetivo no es condenar las tecnologías sino hacer un llamado a la conciencia, especialmente a padres de familia para que se preocupen más por vigilar qué es lo que hacen sus hijos en Internet, ponerles límites claros a lo que pueden y no hacer en línea, el tiempo en que pueden usar un teléfono celular, tableta o computadora personal, tratando de alentarnos a hacer un buen uso de estos electrónicos, y sobre todo inculcándoles buenos ejemplos pues, finalmente, los niños son solo un reflejo de lo que sus padres les enseñan no sólo con palabras, sino con su ejemplo.