Como seres humanos tenemos el mal hábito de quejarnos por todo; si hace mucho calor, nos quejamos de que hace calor, si hace mucho frío, porque hace frío; si está lloviendo, nos quejamos de que es demasiada agua, si no llueve, por qué no llueve.

Hay una reflexión que dice, basándose en el pasaje bíblico de que Dios creó al ser humano después de haber formado a todos los animales de la Creación, que la razón por la que el Señor creó al hombre al final fue precisamente para evitar que Adán estuviera interrumpiendo a Dios y cuestionando cada decisión al ir formando a los animales.

La realidad es que por naturaleza la humanidad es quejumbrosa, y esto no es necesariamente malo, de hecho dentro de esta actitud hay escondido un deseo de no conformarnos nunca y siempre buscar mejorar la forma en que vivimos, que es lo que nos ayudó a desarrollar la tecnología, la cultura y las bellas artes.

Sin embargo para llegar a esos niveles, debemos entender que LA QUEJA SIN ACCIÓN ES UN DESPERDICIO de tiempo, energía e inteligencia, pues quejarnos simplemente por hacerlo no soluciona nada, tenemos que ponernos en acción.

En esta sociedad moderna se han hecho grandes sacrificios supuestamente en aras del progreso, aunque realmente no deberían hacerse; por ejemplo, en las grandes zonas urbanas la falta de árboles es alarmante, a pesar de que son bien conocidas las muchas bondades de tener árboles plantados, pues éstos no solo proporcionan sombra para nosotros mismos o nuestros vehículos, generan oxígeno, entre otros beneficios, como precisamente el de ayudar a regular la temperatura de un lugar, volviéndolo mucho más fresco aún en las épocas de calor como la que actualmente estamos viviendo.

Lamentablemente, para muchos pareciera más fácil simplemente quejarse que tomar cartas en el asunto, es deprimente ver que en casi todas las calles y avenidas de nuestro bello Puerto existen jardineras que están siendo desaprovechadas, o mal aprovechadas, pues estos espacios son usados como depósitos de basura o, peor aún, hay árboles a los que se les han podado todas sus ramas o han muerto por falta de cuidado.

Eso sí, cuando tenemos la posibilidad, todos queremos estacionar nuestro vehículo o pasar bajo la sombra de un árbol para disfrutar de un pequeño descanso del intenso calor de la temporada, pero pocos son los que están dispuestos a sembrar árboles al frente de su respectivo negocio o domicilio, somos más los que simplemente nos quejamos del calor pero no hacemos nada al respecto, ya no digamos plantar árboles, por lo menos cuidar aquellos que están a nuestro alcance, ni tampoco educamos a las nuevas generaciones a tener ese cuidado del medio ambiente que, al final de cuentas, también se traduce en un beneficio directo para nosotros mismos.