Independientemente del candidato o partido político que llegue a triunfar en los comicios de este 1 de julio, diversos analistas y expertos coinciden en señalar que, como en años anteriores, el gran ganador de la contienda electoral será una vez más el abstencionismo.

No es ninguna casualidad, pues cada vez más las campañas políticas en nuestro país se han alejado más de aquella idea de que los candidatos deberían hablar, de manera sincera y sin rodeos, de sus propuestas de campaña, pero también de la manera en que piensan hacerlas una realidad.

En cambio, se han vuelto un ejemplo de fanatismo y segregación, con discursos cada vez más cargados de odio, campañas de difamación y desinformación en donde no importan los hechos o la realidad, solamente se trata de inflamar los ánimos para generar una reacción visceral.

Como muchas otras personas, de vez en cuando disfruto revisar mis redes sociales, pero en estos últimos meses he llegado, en varias ocasiones, a evitar entrar a redes como el Facebook, llegando a experimentar una sensación de tristeza, asco y enojo por la descarada manipulación que hacen unos cuantos solamente para buscar o perpetuarse en el poder.

Sin embargo, lo más triste no es que haya políticos buscando dividir a nuestro país, esto es algo que desde siempre ha ocurrido, sino que haya mexicanos que están completamente cegados y son incapaces de ver las tremendas incongruencias de estos políticos que se presentan como la solución de todos los problemas en nuestro país, cuando en realidad todos los políticos son la principal causa de nuestros problemas.

Es innegable que existe un hartazgo social, y que LOS MEXICANOS BUSCAMOS UN CAMBIO, pero éste no va a venir de los mismos políticos de siempre, que simplemente van moviéndose de un partido a otro buscando puestos; puede haber buenas intenciones en todos lados, pero si éstas no van acompañadas de acciones concretas de nada sirven.

La solución nunca vendrá de un partido político o candidato, sea quien sea; es una labor que nos corresponde a todos nosotros como sociedad, exigiéndoles a nuestros gobernantes, pero también exigiéndonos a nosotros mismos, para ser mejores ciudadanos, responsables, honestos, honrados y respetuosos de la ley.

La semana pasada comenté en este espacio cómo se nos ha enseñado a pensar siempre como víctimas, a sentir que todos nuestros problemas son culpa de otros, y que por tanto también la solución a todos nuestros problemas está en manos de otros; y si bien hace falta generar diferentes condiciones, lo más correcto y lógico es que se empiece desde abajo hacia arriba, como cuando se levanta un edificio, por lo que primero necesitamos cambiar nosotros, como ciudadanos, precisamente para contar con las herramientas adecuadas para exigir políticos y gobernantes con un perfil diferente.