Puerto Escondido, Oax. José Juan Herman de Esesarte Abrego, “Juanito”, como lo conocen los nativos de este destino de playa, narra a El Despertar de la Costa que el primer intento de acercamiento de una fiesta de carnaval fue la organización de un baile que se realizó donde estaban las oficina de Telégrafos de México; para quienes no lo recuerden, es el mismo lugar donde estuvo un famoso restaurante llamado La Parrilla de la Gitana y, años más tarde, la Discotheque Tequila Boom Boom.

Un muy buen amigo de “Juan Carnaval” –seudónimo de Don Juan de Esesarte– Manuel Ortiz Peláez, conocido como “El Chanclas” en contubernio con algunas amigos como los hermanos Ricardo y Alfredo Farías Palafox, Manuel Quijas López, entre otros que vieron como novedosa la situación, fueron quienes organizaron el baile, dejando como precedente la idea de que en el pueblo las cosas se podían hacer en comunidad.

En 1974 se iniciaron pláticas con un grupo de personas que provenían del estado de Veracruz que estaban interesadas en promover el auge del turismo en Puerto Escondido, dentro de este grupo podemos mencionar al entonces coronel Manuel Lomelí Gamboa y esposa, los miembros principales del Club Rotario, cuyo presidente en aquel entonces era el señor Roberto Cortez Tejada y, por supuesto, el Agente Municipal en funciones en aquella fecha don Victorino Peña López, sin dejar de lado la gran participación del macero del Club Rotario, don Juan de Esesarte.

Los dirigentes del Club Rotario mandaron a un vocero para que visitara la Escuela Secundaria Agropecuaria No. 123, el cual le pidió al Director Fernando Push Cambranes que designara a tres de las más bonitas estudiantes y de entre las más inteligentes para que participaran en el Certamen Reyna del Carnaval. 

Las elegidas –todas de tercer grado y de la primera generación de la escuela– fueron las estudiantes Flavia; Alma Dora Mendoza y Leticia Sandra Aguilar Sánchez. El mismo día se les comunicó a las estudiantes que estaban siendo promovidas para el certamen. Flavia y Alma Dora, aceptaron inmediatamente, pero Leticia no, quien pidió al director que fueran a su casa a solicitar permiso a sus padres; el director comunicó lo referido al Club Rotario cuyos miembros visitaron la casa de Leticia. En esa visita los padres de Leticia Aguilar le preguntaban a su hija si quería participar, al decir ella que sí, sus padre la apoyaron.

El día 2 de febrero del año 1975, Día de la Candelaria, se montó –en lo que hoy es el actual andador El Adoquinado– frente al local en donde se encontraba la Farmacia Cortez, un entarimado adornado de manera muy sencilla pero con mucho entusiasmo por las mujeres del Club Rotario, y ayudadas en todo por los familiares de las candidatas quienes en esa tarde hicieron gala en la pasarela y dieron sus discursos de presentación, siendo el más elocuente el de la niña Leticia Sandra Aguilar Sánchez quien habló con mucho valor sobre la necesaria participación de la mujer en todos los ámbitos, y su importancia y capacidad para desarrollarse en un mundo dominado por los varones, pidiendo a todo mundo tomar consciencia del gran valor de las mujeres, siendo ella misma piedra angular y representante del feminismo de su propio pueblo.

A las diez de la noche en punto del 6 de febrero de 1975 Leticia Sandra Aguilar Sánchez, de 15 años de edad, fue coronada por el agente Victorino Peña López, también fue coronado Juan Carnaval y la fiesta de carnaval fue amenizada esa noche por el conjunto musical la Onda 007 de Amado Pérez, con grandes bocinas y se preparaba para el inicio del gran baile de inauguración de las Fiestas de Carnestolendas.

Al siguiente día, al caer la tarde y empezarse a oscurecer el horizonte, llevándose consigo la puesta del sol, el Rey Feo, junto con un grupo de muchachas y jóvenes ya mayorcitos todos, vestidos unos de viudas y las otras de Manolas, llevando en sus hombros un falso ataúd hecho de cartón y adornado con ribetes de papel aluminio, se dispusieron, al llegar a el antiguo Trailer Park Las Palmas, a llevar acabo diligentemente La Quema del Mal Humor, acto que daba propiamente inicio al Carnaval.

Con su traje de Payaso, prestado, por uno de sus hermanos que quién sabe por qué tenía uno, don Juan, El Rey Feo, acompañado por la fantástica Sra. Emilia Hernández, vestida para la ocasión con ropa llamativa, recorrieron la única calle de la playa, y se metieron con planitas en mano a sacar de los hoteles, por la fuerza de la diversión, a los turistas que azorados por el estruendo de las manoplas inofensivas terminaron por seguirlos divertidos, mientras doña Emilia se desternillaba de risa por la manera cómica de don Juan, quien llevaba a cabo su encomienda con la más alegre economía de caídas, pues sus zapatos enormes lo hacían tropezar, caer y levantarse, pero él seguía adelante, contento, haciendo reír a todos los presentes.

El 7 de febrero se realizó el Primer Desfile de Carnaval que salió de lo que hoy día es la Escuela Secundaria Técnica No. 86. El Primer Desfile de Carnaval estuvo conformado por una docena de camionetas particulares adornadas –en su mayoría– con palmeras, plantas y flores naturales, en la caja de una de las cuales, la que iba en medio de todas, se encontraba la Reyna. 

En las demás camionetas iban amenizando con sus bailes y aventando dulces de colores las otras dos participantes del certamen y, a pie, acompañaban a todas las camionetas niñas y niños de la Secundaria Agropecuaria No. 123, bailando cumbias de las más sonadas, entre ellas las de Chico Ché.

Entre los contingentes también participó la Comunidad Gay, de los cuales se recuerda a algunos de ellos como Carlos de la Fuente “El Calúa”; Enrique Paz, “La Corina” así como el famosísimo “Pichirilo”; el recorrido de los carros se hizo bajando primero la Avenida Oaxaca hasta llegar al Crucero de Puerto Escondido, para tomar después la Carretera Costera en dirección al Puente Regadío, y dar vuelta para entrar por la Avenida Alfonso Pérez Gazga, finalizando en lo que hoy es el Hotel Rocamar, del otro lado de la actual zona adoquinada.

Author: Isaías Ramos Velasco