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Semana del 10 al 16 de noviembre de 2008 | Año VII Edición 320
Poética y Epigrama
Responsable de la sección: Ing. Abel E. Baños Delgado
Epigrama
Difícil la situación económica de los mexicanos.
El asunto financiero
está muy severo y crítico,
en donde abunda el dinero,
es verdadero, no es mítico:
por corrupto y tracalero
es en el sector político.
La maldad
Autor: Ing. Abel E. Baños Delgado
Ahora que ha pasado el tiempo
miro la cosa más clara;
cuando firmé los papeles
ni tantito imaginaba
el gran problema que solo
me echaba sobre la espalda;
pero nomás que me acuerdo
muerdo el bigote con rabia:
yo que me creía muy listo
no faltó quien me enredara.
Resulta que los muchachos
de mi mera brosa brava,
en la vela del difunto
que su compadre matara;
empezaron con la plática
de que el gobierno ayudaba
con dinero pa´ ganado
al campesino con ganas
de salir de esta pobreza
que nos ta´ rompiendo el alma.
Y que formamos un grupo,
de diez fue la cuenta exacta;
y después de varias vueltas
fueron a ver mis hectáreas;
y de allí a firmar papeles,
creo que contrato llamaban,
y por fin dicen: muchachos
aquí tienen ya su lana
y que me dan mis centavos
y que compro mis diez vacas.
Y desde entonces maldigo
que esto no bien lo pensara;
pues ahora tras las “cachudas”
me dedico bien con traza:
que si se quema el zacate
totomoxtle no les falta;
que si se seca el aguaje
tengo que acarrearles agua
y si comen y no engordan
hay que desparasitarlas.
Y como aquellas parieron
cuento ya con veinte vacas;
el dinero que me dieron
lo pagué con mis ganancias;
pero sigo convencido
que se me fueron las patas
y que en lugar de ayudarme
me hicieron mala jugada:
fue maldad la que me hicieron
con esas cabronas vacas,
me llenaron de congojas,
y congojas no me faltan;
dirán que estoy muy contento,
“toy” bronco que la chingada;
ando como león herido,
como perrito con rabia;
peor cuando a las meras doce
que el sol quema como llama
y que ando mi reata al brazo
tras alguna de las vacas;
y traigo la boca seca
y apretada la garganta
por el polvo y la gran sed
que me da la resolana;
lo único que me contenta
es que todas las mañanas
me empino un jarro con leche,
así de gruesa la nata,
hasta entrecierro los ojos
y la sonrisa me gana
y entonces sí ni me acuerdo
siquiera que tengo “mama”
y digo: ¡Bueno, ni modo
de algo me sirven las vacas!