Puerto Escondido al Desnudo

 

¡Ay San Gustiado el Preocupón! Dicen que el hábito no hace al monje, y que la mona, aunque se vista de seda, mona queda, y esto es verdad pues, aunque en nuestra ciudad instaláramos semáforos en cada esquina, los “burritos” que creen que nada más son “lucecitas de Navidad” para iluminar las calles se van a seguir brincando estas señalizaciones de tránsito cuando se les hinche la regalada gana.

Encima muchos buscan solo la excusa para hacer este tipo de cosas; tomemos por ejemplo el caso de los semáforos de LEDs instalados cerca del Puente El Regadío de este Puerto; ya hemos visto que esos semáforos se descomponen fácilmente, pero afortunadamente, así como se descomponen se pueden arreglar, y así, en cuestión de minutos, todo queda normal; ah, pero eso a muchos automovilistas no les gusta, para ellos ver un semáforo descompuesto es como ver abiertas las puertas del cielo, porque así tienen toda la justificación del mundo para portarse como los cafres que son, sin deberle explicaciones a nadie.

El problema no es, nunca ha sido, que los semáforos funcionen o no; antes, cuando no había, igual muchos automovilistas podían circular por las calles de este Puerto sin sufrir ningún accidente; luego, se instalaron los semáforos y por extraño que parezca, los accidentes aumentaron, ¿por causa de los semáforos? No, por causa de todas aquellas personitas que se creen más importante que el Presidente de la República y que solo ellas tienen prisa, y por tanto prioridad, para manejar por las calles de este Puerto, por lo que, para ellas, las leyes de tránsito no aplican.

Son esas mismas personitas que creen que la luz roja del semáforo es para todos los demás, pero como ellas sí llevan prisa, no tienen que respetarla; precisamente en este crucero frente al Adoquín me tocó ver a un chofer de camioneta pasajera, quien iba saliendo de este Puerto; mientras el semáforo estaba en rojo, este conductor, haciendo lo que aquel cuento del camello, se fue metiendo y metiendo, dizque para dejar pasaje del lado del Adoquín, y ya metido, pues no le dio más seguir adelante y ya pasarse de lleno el alto. 

También en ese crucero me tocó ver a otro conductor, quien venía de oriente a poniente, y quien ya no alcanzó la luz verde del semáforo, pero igual le valió y, con la luz roja, decidió meterse para doblar hacía la zona adoquinada; poquito faltó para que este alocado conductor chocara de lado contra otro vehículo que sí tenía el derecho de paso, pues estaba la luz verde de su lado; lo más chistoso del asunto fueron los ojos de pistola que el primer conductor, el que se pasó el alto, le echaba al segundo, que estaba en todo su derecho, porque le “cerró el paso”, ah porque claro, siempre los demás están mal, así tengan razón, están mal porque nosotros siempre estamos bien.

El problema es precisamente que muchos nos sentimos como Juan Camaney, que nos las sabemos de todas, todas, y no necesitamos respetar ninguna ley; hablando de esto me acordé de un caso de un taxista (del que desgraciadamente no pude anotar ni placas ni numero económico) quien por poco se estampa contra un vehículo en el centro de este Puerto; la razón es porque el señoritingo iba campantemente comadreando por teléfono, manejando a toda velocidad y todavía intentando ganarle el paso a otros vehículos, y luego cuando vienen los accidentes, ahí llegan sus compañeros de “gremio” (mafia dirían muchos) a pretender asustar al pobre infeliz que tenga la desgracia de chocar con uno de estos; si resulta que la culpa es del otro conductor, quieren presionarlo para que pague con las perlas de la Virgen, pero si el responsable es el taxista, entonces la presión es para que la persona no presente ningún cargo, digo, con personitas así no es raro que tengamos accidentes viales casi cada semana.

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