Editorial

 

La educación es uno de los aspectos más descuidados, a pesar de su importancia, en nuestro país; para nadie es un secreto el control casi absoluto que tiene el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) en la educación pública en nuestro país; su influencia es tanta, y se ha promovido tanto en este sexenio, que su lideresa vitalicia, la maestra Elba Esther Gordillo es sin lugar a dudas una de las actrices políticas más importantes de México, muchos inclusive consideran que es ella la que puede determinar los resultados de una votación a favor o en contra de determinado candidato.

A pesar de todas las “conquistas laborales” que han conseguido los integrantes del SNTE, en muchas escuelas públicas las carencias que tienen que padecer los estudiantes son más que evidentes; más allá de los discursos que nuestros gobernantes nos brindan hablando del diálogo y consenso que logran con los integrantes del magisterio, la dolorosa realidad que vemos es la falta de atención a las verdaderas necesidades de los maestros y alumnos en muchas escuelas.

Hace varios días un amigo mío, quien también es profesor, me comentaba con un poco de tristeza y disgusto las injusticias que ellos padecen, pues me comentaba que un grupo de estudiantes de la escuela donde él labora habían logrado el pase a una competencia foránea, pero para llegar a ella tuvieron que valerse de sus propios medios para solventar el pasaje y otros gastos, sin que nadie pudiera ayudarlos.

Días más tarde, se realizó en esta región el encuentro deportivo, cultural y académico de estudiantes del COBAO, quienes vinieron con la mayoría de gastos cubiertos y no tuvieron que padecer las necesidades que sí sufren estudiantes de otras escuelas públicas.

Casos como éste son el pan de cada día para esos profesores quienes aún conservan ese espíritu noble de querer forjar a buenos ciudadanos, y se encuentran con la decepción que ni los líderes magisteriales, mucho menos los gobernantes, se fijan en las verdaderas necesidades de la educación pública en nuestro estado, por citar un ejemplo.

Mientras los líderes sindicales entablan mesas de diálogo que les brinden beneficios directos a ellos y control político, no les importa que en una escuela de la Sierra no haya siquiera pupitres o un piso para que los niños puedan tomar sus clases en un espacio digno; mientras pactan la renuncia de un funcionario estatal, no les importa que en la Costa los sueños de algunos pequeños con un gran potencial se disipen porque no pudieron costearse un viaje a otra ciudad para competir y demostrar sus habilidades.

URGE APOYAR A LA EDUCACIÓN, pero más urge que aquellos que se dicen encargados de cuidarla dejen de verla como un negocio para obtener beneficios políticos o económicos; urge que las soluciones dejen de ser solo discursos bonitos y se den respuestas verdaderas que tanta falta le hacen a nuestros niños y jóvenes, en pocas palabras, urge que, más allá de las mentiras y verdades a medias que nos dicen, la educación sí sea fundamental para todos.

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