Puerto Escondido al Desnudo

¡Ay San Guinario el Encarnizado! Es verdad que los ciudadanos ya no nos debemos dejar mangonear por nadie, ni siquiera por nuestros gobernantes, pero también hay que ser sinceros, muchos de nosotros nos hacemos tontitos con tal de dormir bien calientitos, y de tan abusaditos que queremos ser no nos damos cuenta del tremendo daño que nos estamos haciendo a nosotros mismos, pero eso sí, nos encanta echarle la culpa de todo a esos malos gobernantes que nada pueden hacer por nosotros.

Esto viene a colación porque en días pasados pude escuchar en la radio local la queja de algunos prestadores de servicios quienes señalan que en la zona de Zicatela y el Puente El Regadío no tenían el servicio de alumbrado público y, en la zona del puente, tampoco estaban operando los semáforos; bueno, ya para el momento en que escribo esto ya por lo menos en la zona del puente me consta que el servicio está tanto del alumbrado como de semáforos, ahora bien, no es por echarle porras ni defender a la autoridad municipal, porque nunca me ha gustado ser como esos “lambiscones” que por quedar bien defienden hasta lo indefendible, sin embargo, hay una realidad evidente, aunque no nos guste reconocerla: la mayoría de porteños nos hacemos TONTITOS cuando se trata de pagar por cualquier servicio que recibimos; de verdad, si no fuera porque los señores de la Comisión Federal de Electricidad están muy al pendiente (a veces diría yo que demasiado) de que no nos retrasemos con nuestro pago, por poner un ejemplo, les aseguro que si fueran tan “barcos” como por ejemplo los del Agua Potable, júrenlo que muchos estaríamos atoradísimos con una deuda enorme de varios meses que ni para atrás ni para adelante.

Y en lo que es por lo menos la zona del Adoquín, sabemos muy bien que los prestadores de servicio ya tienen bien tomada la medida porque cuando van los inspectores de San Pedro les dicen que ellos pagan licencia con Santa María Colotepec, y cuando van los inspectores de Colotepec les dicen que ellos pagan licencia con San Pedro Mixtepec, y así se la llevan lo más que puedan para no pagar por ningún lado; ah, pero eso sí, estos mismos prestadores de servicio son los primeros en rasgarse las vestiduras y pegar el grito en el cielo denunciando hasta con saña a esas “malas autoridades” que no les dan todo rapidito, de buena gana y, encima, de a “grapa”, porque obvio, todos sabemos que las arcas de los ayuntamientos están como la de aquel personaje de caricaturas, Rico McPato, quien hasta se daba el lujo de nadar entre el dinero, si así están los Presidentes Municipales, nada más por “jeringar” nos quieren cobrar licencias; pero ya fuera de guasa, lo que muchos no queremos ver es que siempre que hay cambio de autoridades municipales, sobre todo si son de diferentes partidos políticos, hay un saqueo DESCARADO de las arcas municipales, que algunos presidentes entrantes se porten más “machitos” que otros y no se anden lamentando a los cuatro vientos es otra cosa, pero de que llegan y encuentran que no tienen a veces ni para los gastos más básicos es una realidad; encima, al principio el presupuesto que les llega cae a cuentagotas, normalmente durante los dos primeros meses se las tienen que ingeniar con lo que tienen, y normalmente aun así los recursos que les llegan de nivel federal y estatal ya vienen “etiquetados”, es decir, con propósitos específicos, sobre todo para obras, por lo que todo gasto secundario tiene que salir de los recursos propios que genera el ayuntamiento, esto es de los cobros de licencias e impuestos, multas y demás.

Ahora bien, también es cierto que algunas autoridades vienen y llegando nada más nos quieren encajar el diente con furia, lo que tampoco se vale ni nos debemos dejar, pero nosotros como ciudadanos también debemos hacer un análisis, creo que a algunos si les cobraran $30 pesos al mes por servicios como el alumbrado público se les haría excesivo, y luego cuando sentimos que es un abuso hablamos muy bonito que vamos a organizarnos y suplir este servicio por nuestra cuenta, pero a la mera hora a la mayoría de nosotros nos acaba dando flojera, no hacemos nada y al final volvemos al principio, quejarnos de que todo es culpa del gobierno a ver si ahora sí nos pelan, y ese es el cuento de nunca acabar. 

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