Editorial

La violencia puede tener muchos orígenes, pero de los más comunes, aunque parezca paradójico, son la ignorancia y el miedo, que van muy de la mano; y es que los seres humanos, por naturaleza, le tememos a aquello que desconocemos y muchas veces no queremos conocer también por miedo.

Y es que el problema es que una mente asustada es sumamente creativa; normalmente, cuando tenemos miedo, nuestra imaginación vuela y empezamos a ver peligros y horrores en donde no los hay, empezamos a imaginar escenarios horribles donde nos pueden suceder cosas terribles a menos que nosotros demos el primer paso para evitarlo.

Eventualmente es ahí donde se empieza a manifestar la violencia, pues la persona asustada en su supuesto afán de “defenderse” de las amenazas externas que, muchas veces, sólo están en su imaginación, empieza a mostrarse agresiva, hasta violenta, hacia el mundo exterior.

Obviamente la mejor solución para que las cosas cambien es el conocimiento, se deben tender lazos para estrechar y acercar a las diferentes personas involucradas en un conflicto para que éste no degenere en violencia; desgraciadamente cuando una persona está en esta situación su ego no le dejará reconocer que está asustada o que desconoce algo, por el contrario, su ego le hará inventarse muchas justificaciones para su forma de proceder, aunque éstas carezcan de toda lógica o sustento.

Sin embargo, PARA QUE HAYA UN CONFLICTO DEBE HABER DOS PARTES, el problema surge cuando ambos lados están en la misma posición ideológica, de miedo e ignorancia, y cada cual se aferra a que sólo su visión sesgada y tendenciosa de las cosas es la correcta. Es entonces que surgen enfrentamientos como los que desgraciadamente esta semana se registraron en este bello Puerto; lo más grave es que muchas personas, incluidos representantes de los medios de comunicación quienes, en lugar de limitarse a narrar, con neutralidad, los hechos, han tomado ya parte en esta problemática y así se han encargado de difundir información parcial según los intereses que defienden; esto, en lugar de generar un ambiente de calma aumenta la violencia pues los de un bando se aferran a pensar que ellos tienen la razón y los otros, al sentir que están siendo pisoteados sus “derechos” se esfuerzan más en defenderlos “al costo que sea”.

Para muchos una vez más la única solución a este problema es la municipalización de Puerto Escondido, sin embargo, siendo sinceros, si los gobiernos estatales (anteriores y el actual) no han tenido interés simplemente en tomar una postura oficial y marcar claramente por la ley los límites territoriales de cada municipio, mucho menos tendrá la voluntad de declarar a Puerto Escondido un municipio independiente, pues el costo político de una acción así sería demasiado alta y ningún gobierno está dispuesto a pagar esa “factura”.

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